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  1. Gustavo Sepúlveda

    El corazón tengo herido,
    y las heridas me duelen,
    porque está lejos de aquí,
    el que curármelas puede.

    Corazón, corazón, corazón,
    siempre me andas engañando,
    y yo me muero penando,
    por una ingrata pasión.

    No hay corazón como el mío,
    que sufre y calla sus penas;
    corazón que sufre y calla,
    no lo tiene cualesquiera.

    Corazón, corazón, corazón,
    siempre me andas engañando,
    y yo me muero penando,
    por una ingrata pasión.

    Dos corazones unidos,
    puestos en una balanza,
    el uno pide justicia:
    y el otro pide venganza.

    Corazón, corazón, corazón,
    siempre me andas engañando,
    y yo me muero penando,
    por una ingrata pasión.

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